2018 - 2019 Bilbao. ABC: Bilboko Museoaren alfabetoa = el alfabeto del Museo de Bilbao. Bilbao, Museo de Bellas Artes de Bilbao = Bilboko Arte Ederren Museoa, 6 octubre 2018 - 2 junio 2019

 

Exposición: ABC. El alfabeto del Museo de Bilbao - Museo de Bellas Artes de Bilbao (bilbaomuseoa.eus)

El 5 de octubre de 1908 el Ayuntamiento de la Villa y la Diputación Provincial de Vizcaya firmaron el acta fundacional del Museo de Bellas Artes de Bilbao, una institución de referencia en la ciudad y en el panorama museístico.

Con ocasión de su 110 aniversario, el museo presenta con el patrocinio de BBK y el comisariado literario del escritor Kirmen Uribe (Ondarroa, Bizkaia, 1970) la exposición ABC. El alfabeto del Museo de Bilbao, una propuesta inédita que ocupa todo el edificio antiguo –salas 1 a 31– tras la profunda renovación museográfica que se ha llevado a cabo en los últimos meses.

La exposición parte de una idea original con la que el museo busca acompañar la renovación de sus instalaciones con una forma nueva de mostrar la colección a los visitantes, ofreciendo así la posibilidad de una mirada también renovada. Con este fin, los habituales criterios expositivos de ordenación de las obras –cronológico, o según escuelas y autores– han sido sustituidos por un alfabeto extendido, que incluye 27 letras más el dígrafo ll del abecedario español y los dígrafos vascos ts, tx y tz.

Para desarrollar esta propuesta se ha contado con el comisariado literario del escritor Kirmen Uribe, buen conocedor del museo y asiduo visitante desde su niñez, tal y como queda reflejado en las obras Bilbao-New York-Bilbao (su primera novela, publicada en 2009) y La hora de despertarnos juntos (la más reciente, de 2016), en donde las pinturas de Aurelio Arteta o Antonio de Guezala, respectivamente, son parte fundamental de la trama.

Con cada una de esas 31 letras, Kirmen Uribe ha buscado una palabra referente en euskera, español inglés o francés, que sirve de inspiración literaria y de argumento curatorial para la selección de las obras de arte de la colección del museo que se muestran en cada una de las salas del edificio antiguo. Para este montaje tan especial se ha contado además con la colaboración de los artistas Ana Isabel Román y Eduardo López.

De este modo, se ordena un itinerario compuesto por letras y palabras en cuatro idiomas que recorre la historia del arte y la colección a través de diversos periodos y estilos. En palabras del escritor, "más que el tiempo, han sido las ideas las que han unido las obras, dando a la colección un sentido diferente".


En el catálogo de la exposición aparecen seleccionadas 222 obras entre las cuales Kirmen Uribe ha incluido trabajos de los cuatro hermanos Arrue: Alberto, José, Ricardo y Ramiro.

 

 

 

 

 

 

 

Sala A (Adiskidetasun)

En la sala A (Adiskidetasun = Amistad) se muestra el estupendo retrato de uno de los mejores y más queridos amigos de Alberto Arrue: Tomás Meabe (1879-1915). 

Un óleo sobre lienzo, de 101 x 120 cm, expuesto por primera vez en septiembre de 1919 —fallecido ya Meabe— con motivo de la Primera Exposición Internacional de Pintura y Escultura que tuvo lugar en las Escuelas de Berástegui de Bilbao.

En aquella ocasión, Ricardo Gutiérrez Abascal, Juan de la Encina, escribió para la revista Hermes:

Alberto Arrúe nos trae a la memoria, con su retrato del pobre Tomás Meabe, recuerdos de años ya pasados. El retrato está lleno del raro espíritu de Meabe. Es un retrato pintado con emoción fraterna y con deseo ferviente de hacer perdurar los rasgos físicos de aquel gran escritor a quien bárbaras e inauditas persecuciones sociales condenaron a muerte prematura. Quizá no está lejano el día en que se reconocerá a Tomás Meabe como uno de los escritores más intensos y conmovidos que ha producido la España del último medio siglo.  

 

El sábado, 15 de noviembre del mismo año, cuarto aniversario del fallecimiento de Meabe, tuvo lugar en el Círculo Socialista de Bilbao una velada necrológica como recuerdo y homenaje al político y escritor, fundador de las Juventudes Socialistas y directos del periódico La Lucha de clases. El fabuloso cuadro de Alberto Arrue fue colocado en el salón del Círculo presidiendo el acto y añadiendo gran emotividad al mismo.

Alberto Arrue, de quien todos los que le conocieron destacaron no solo su grandeza como artista sino también su enorme generosidad, donó el cuadro al Círculo Socialista, quien lo utilizó en posteriores aniversarios para presidir los actos de homenaje.

 

 

El Correo, 10-V-1979

En 1937, a causa de la Guerra Civil, el cuadro viajó a París, depositándose en la delegación del Gobierno de Euzkadi en la Avenida Marceau, donde permanecería 42 años hasta su “descubrimiento” en 1979. El lunes, 14 de mayo de 1979, la Agrupación Socialista de Bilbao lo cedió en depósito al Museo de Bellas Artes.

 

Indalecio Prieto en sus memorias escribió a propósito de la obra:

31 de octubre de 1941

El 4 de noviembre de 1939, tres días antes de embarcarme para México, vi por última vez, en uno de los salones del palacete que en la Avenue Marceau, de París, servía de oficinas al Gobierno Vasco, el retrato de Tomás Meabe, pintado por su íntimo amigo Alberto Arrúe. Precisamente aquel día cumplíanse veinticuatro años de la muerte de Meabe.



En el óleo de Arrúe aparece Tomás casi echado en el suelo, recostándose contra el tronco de un árbol y con las piernas cubiertas por una capa. Sólo quien, como Arrúe, había convivido largos años con Meabe, pudo captar de modo tan exacto la expresión mística del originalísimo escritor vasco. Bajo la típica boina asoman la frente abombada y la nariz aguileña; el carmín hace destacar entre la palidez del rostro, los pómulos ya afiliados por la tisis. Los ojos azules, detrás de los cuales, según el dicho de no sé quién, se veía el mar –detrás y delante, diría yo‐, clavan la mirada en el infinito que tanto le subyugó siempre a Tomás; en el mar, durante los años que navegó de piloto, y en tierra cuando se consagró a la causa del proletariado. Antes de nuestra guerra civil, ningún socialista –ninguno‐ podía ofrecer historia de sacrificios pareja a la de Meabe. Después… después, muchos.

En otro apartado del escrito recuerda otra anécdota especialmente emotiva:

Cierta tarde canicular de 1915, Luis Araquistain y yo caminábamos por entre los rastrojos chasqueantes de campos madrileños recién segados, buscando una casita de cuyo emplazamiento en el suburbio de las Cuarenta Fanegas teníamos datos muy inciertos. Al fin, dimos con la morada de Tomás Meabe, que, expulsado de todas partes por miedo al contagio de su tuberculosis, fue allí a dar con sus huesos –con huesos nada más, porque sólo los acompañaba la piel., afanoso de que nadie, ni siquiera los amigos mejores, conociese su paradero. Sin pregunta, pudimos darnos cuenta en seguida de que la muerte hallábase próxima, teniendo por heraldo la miseria. Marché a Bilbao y obtuve de Aurelio Arteta, Alberto y Pepe Arrúe y otros pintores, cuadros que, actuando yo de marchante, vendí a personas pudientes. Con el producto de aquella venta se espantó a la miseria, encariñada con el deseo de ennegrecer más la muerte. Para hacer frente al duro invierno madrileño, insufrible en la casuca de las Cuarenta Fanegas, el enfermo fue trasladado a una habitación de la calle de Ponzano, donde le vi la tarde del 3 de noviembre. Esta vez me acompañó Pepe Madinabeitia.

No podía haber elegido Kirmen Uribe una palabra más a propósito para asociar al cuadro: Adiskidetasuna.

 

Sala Q (Quiet)


 En la sala Q (Quiet = Tranquilo) se exponen un esmalte de Ricardo y Ramiro Arrue: Naturaleza muerta, esmalte sobre cobre, de 17,5 x 23 cm.

Se trata de uno de los esmaltes presentados la I Exposición de Artistas Vascongados organizada por el Museo de Arte Moderno en sus propias salas entre el 15 de mayo y el 15 de junio de 1926.

La Junta de Patronato del Museo seleccionó, con el objetivo de ir aumentando sus fondos, seis pinturas y dos esmaltes, ambos de Ricardo y Ramiro Arrue: Desnudo y Naturaleza muerta que fueron adquiridos por 950 pesetas.

Como solía ser habitual, los esmaltes de Ricardo y Ramiro destacaban por su belleza y por la perfección en su elaboración y precisamente con este argumento fueron adquiridos por la Junta.

 


Sala V (Vida)

La Romería vasca de José Arrue, pintada en 1921, se expone en la sala V (Vida).

Este óleo sobre tabla, de 64,6 x 81 cm, fue adquirido por el Museo de Bellas Artes en 1921 y transferido al de Arte Moderno en 1924.

Javier González de Durana hace el siguiente comentario de la obra:

La felicidad aldeana, que siempre es colectiva y nunca indi­vidual, se manifiesta en esta "Romería vasca". Reunida en unas praderas próximas al pueblo, toda la comunidad baila, juega, come, bebe y conversa. De los caseríos dispersos por los montes han descendido sus habitantes para el rito social de la fiesta. El escenario queda enmarcado por cuatro delgados y verticales árboles a ambos lados. A la derecha, al son del txistu y el tamboril, los bailarines ejecutan una pudorosa cadeneta circular. A la izquierda, numerosas parejas bailan a lo suelto gesticulantes jotas interpretadas con acordeón y pandereta. El baile tradicional y el moderno tienen cabida en un mundo rural más toleran­te que lo imaginado. Al amparo de la ermita, cuya espadaña parece elevarse como un eco que se prolonga en los montes situados tras ella, la vida popular se despliega lúdica y pacíficamente. Los árboles son el simbólico puente que comunica a las gentes con la elevación espiritual desde la tierra que pisan.

El primer término lo ocupa la masa social (llena de matices y diversidad), en un segundo plano se muestra su estructura organiza­da (iglesia, aldeas y caseríos) y al fondo, los perfiles de montañas y colinas, un paisaje que derrama laderas por las que la vida transcurre como una sucesión de momentos aislados y personas dispersas, pero felices por haberse encontrado. Es el paisaje cordial de una próspera sociedad campesina que ni se hace muchas preguntas acerca de su pasado ni, todavía, se imagina demasiados problemas sobre el futuro. (Javier González de Durana)


Es ésta una de las obras que fueron evacuadas de Bilbao
y lograron exponerse en mayo de 1937 en París, en la Sección de Euzkadi del Pabellón de España de la Exposición Universal. El comisario de la sección vasca fue José M.ª Uzelay.

Sesenta años más tarde, en 1997, volvió a salir de Bilbao para ser expuesta en Southampton, Reino Unido, en la exposición Tradition and Modernity in Basque Painting, 1880-1939, que tuvo lugar en la City Art Gallery. En la selección de obras figuró entre otras Vascos jugando a las cartas de Ramiro.

También fue llevada a Valencia junto con el Retrato de Tomás Meabe, de Alberto, y Vascos jugando a las cartas, de Ramiro para participar en la exposición Tradición y Modernidad en la Pintura Vasca. Colecciones del Museo de Bellas Artes de Bilbao, organizada en colaboración con la Autoridad Portuaria de Valencia del 12 de enero al 12 de marzo de 2000.

 


Aunque no figuran en el catálogo, en la misma sala V, junto a la Romería vasca, se expone la obra de Ramiro Arrue Vascos jugando a las cartas, óleo sobre lienzo de 115 x 155,3 cm. El cuadro fue seleccionado por el jurado encargado de la compra de obras para el Museo de Bellas Artes en el III Congreso de Estudios Vascos de Gernika, en 1919. (Así mismo, fue adquirida otra romería de José, la titulada Romería en la plaza).
Ismael Manterola realiza esta reflexión sobre la obra:

 

"Vascos jugando a las cartas" es un buen ejemplo de la segunda generación de lo que se ha denominado «novecentismo vasco». Un joven Arrue ha asimilado ya las propuestas para la construcción de un arte vasco moderno: el recurso a las formas renovadoras de la modernidad francesa y a la pintura clásica para el tratamiento del tema y de los aspectos formales, y, por fin, la representación de un tema vasco que enraizaría la pintura. [...] En esta obra se hace patente el esfuerzo por integrar las dos principales corrientes de la pintura de finales del XIX: el ansia de libertad y la capacidad expresiva del color provenientes del simbolismo gauguiniano, y las enseñanzas de Cézanne en cuanto a la construcción del volumen y la forma. No obstante, Arrue nos ofrece una síntesis muy personal, al introducir un tema vasco en una tipología de cuadros nítidos y sin atmósfera propia del puntillismo, acercándose por medio de la definición de las figuras y el espacio a los frescos del primer Renacimiento. (Ismael Manterola)

Otra romería acompaña en la sala V a los dos cuadros anteriores: "su primera gran obra" según las propias palabras de José Arrue, realizada en 1908, comprada por Laureano Jado y legada al Museo por él mismo en 1927. Así describió Javier Viar esta Romería de José Arrue:

"Romería", una de las tantas versiones que hizo del tema, es paradigmática de su estilo, con decenas de personajes tratados con una extraordinaria minuciosidad, que los individualiza a pesar de su pequeño tamaño y de su hacinamiento. La mirada lejana que impone al asunto le permite una amplia descripción del paisaje, con un gran horizonte. De la festiva concentración emergen dos tablados. El que ocupa el lugar central, con su colgadura roja que se hace eco en las boinas de los músicos, crea un sorprendente contraste con el resto de la pintura. Entre la mayoritaria presencia de aldeanos, identificables por sus atuendos, pueden entresacarse varios representantes de la urbe, como las dos jóvenes que atraviesan el campo de la imagen en primer término y el grupo de hombres del ángulo inferior derecho, entre los que se distingue, sentados bajo un tenderete con techo de lona, a los hermanos José -de espaldas- y Alberto Arrue. (Javier Viar) 

 

Sala Z (Zubi) 


Por último, en la sala Z (Zubi), queda representado Ricardo Arrue con su obra Puerto, óleo sobre lienzo, de 65 x 80 cm, que fue adquirido por el Museo en 1932.

La obra, que refleja el Puente Viejo de Ondarroa, fue adquirida por la Junta del Patronato del Museo de Arte Moderno en la II Exposición de Artistas Vascongados, en 1932. Fueron, en este caso, compradas obras de los cuatro hermanos Arrue: Retrato de Alberto Arrue, Un Pastor, de José, Puerto, de Ricardo y Paisaje de Toledo, de Ramiro, todas ellas localizadas hoy día en el Museo de Bellas Artes
Javier Viar describió así la obra de Ricardo:

  • En "Puerto", Arrue parece contagiarse de la obligada simplificación de la forma y del color poco naturalista de los esmaltes. En este caso depura hasta el máximo la descripción, geometrizándola, aunque crea un efecto acumulativo por el número de elementos que recoge, como si se tratara de modelos de madera. El color ácido, metálico, ayuda a crear el ambiente de irrealidad casi onírica que transmite este paisaje deshabilitado. (Javier Viar)




 


 


 

 

 

 

 

 

 

 


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