2021 Bilbao. BILBAO Y LA PINTURA. Guggenheim Bilbao Museoa, 29-1-2021 · 29-8-2021

Bilbao y la pintura | Guggenheim Bilbao Museoa

29 de enero, 2021 - 29 de agosto, 2021

Esta exposición contiene la historia visual de una villa, el Bilbao del siglo XIX, que, a pesar de ser invadida por los franceses y sitiada por los carlistas, y de sufrir varias epidemias de cólera ―desde la primera, en 1834, hasta la cuarta, en 1893―, se consolida económicamente como una gran ciudad, en la que prosperará un número importante de grandes artistas que antes han pasado por París. A través de veintisiete escenas pictóricas, a modo de time-songs o canciones del momento, nos adentramos en la historia de nuestra ciudad. Estos cuadros nos afinan esa capacidad doble de memoria y conocimiento que la gran pintura posibilita.

Comisario: Kosme de Barañano


De las veintisiete obras elegidas para esta exposición, cuatro son de José Arrue.

Seleccionamos, en esta página, algunos de los párrafos del extenso y valioso catálogo, cuyo texto, en su totalidad, está escrito por Kosme Barañano:

Casi todos los próceres de la Villa de Bilbao han tenido sus retratos en pintura o en escultura, realizados por artistas tales como Juan de Barroeta o Antonio de Lecuona, o después por Losada (Enrique Areilza) o Zuloaga (Ramón de la Sota) o Arteta (Indalecio Prieto); algunos son retratos imaginarios, como los bustos de los cinco bilbaínos célebres en la fachada del Ayuntamiento o los de vizcaínos históricos en la Diputación realizados en 1923 por Alcalá-Galiano. Pero son retratos de corte clásico, muy en la tradición del género, y de cierto memorialismo solemne.

José Arrue nos deja dos retratos de grupo que van más allá del memorialismo y que son crónica viva de un momento: su Regatas en el Abra de 1908 (págs. 184–85) y su Equipo del Athletic Club de 1915 (págs. 190–91); son dos retratos de grupo de esos personajes que componen la sociedad de Bilbao en dos momentos lúdicos, en las tareas del deporte, uno el foot-ball importado de Gran Bretaña, y otro el sailing, las regatas de vela, más ligado a la tradición local, pero importado en sus reglas y maneras de competición.

Al margen de ser dos cuadros muy originales, uno es casi un emblema de la historia del balompié de Bilbao y, si seguimos a los personajes representados, vemos una radiografía de la intrahistoria social de la Villa; en el otro, los personajes nos llevan más hacia la sociología política del momento en España, pero también al papel emprendedor y competitivo del regatista. Los dos cuadros componen una buena muestra de los personajes que ese Bilbao del XIX ha conformado.


José Arrue, Regatas en el Abra. Alfonso XIII en el faro de Algorta, 1908
Gouache, 43 x 150 cm
Colección Sociedad Bilbaina

En agosto de 1908, la directiva del Sporting encarga a José Arrue una obra conmemorativa de la regata celebrada para estar expuesta en el yate Giralda, propiedad de Alfonso XIII. Así surge el tríptico Regatas en el Abra, que representa a Alfonso XIII en el faro del contramuelle de Algorta, con varios socios del club y otros navegantes de la época; al fondo, el monte Serantes, Punta Galea y Algorta[1].

No es el primer encargo náutico a José Arrue. El año anterior el Sporting Club le ha encargado una obra de recuerdo y, unos años después, en 1919, el Club Náutico de Bilbao le pide un friso en cinco piezas para adornar un salón localizado entonces en el primer piso del Teatro Arriaga[2].

1. El tríptico fue comprado a principios de 1980 por la Sociedad Bilbaina, en cuyo vestíbulo principal puede verse hoy en día.

2. Tras el incendio sufrido el 22 de diciembre de 1914, el teatro Arriaga, donde el Náutico tenía su sede, fue reconstruido e inaugurado el 5 de junio de 1919. Para el nuevo salón, el Náutico le encarga a Arrue un friso (hoy en la Colección de la Fundación Iberdrola).

José Arrue, Alfonso XIII con miembros del Marítimo, 1907
Pastel, carboncillo y gouache sobre papel, 29 x 38,5 cm
Real Club Marítimo del Abra

En el cuadro del Marítimo están como protagonistas, a ambos lados del rey, los dos vencedores, los hermanos Yohn Zayas, entre las miradas del ministro de Marina, José Ferrándiz, y la de Alberto Aznar; por detrás, malhumorado y solitario, aparece Benigno Chávarri, mal vestido, se decía que jamás había probado el agua en su estado natural, y subido a una silla vigila la situación Enrique Careaga, que era mayordomo del rey, comodoro de sus barcos y su hombre de finanzas. Careaga era también el que había participado como navegante en la Semana de Vela de Kiel. Detrás de ellos hay un grupito de tres personas, que por las ropas parecen periodistas; el de espaldas es Indalecio Prieto, el de la gorra con la cara tapada puede ser Manuel Torcida, el fotógrafo, y el tercero que aparece en la foto de la revista La Vida Marítima puede ser Leopoldo Alonso, reportero gráfico de Madrid. 






En la otra imagen, además de un marinero sentado en el muro, junto a la mesa del presidente del Jurado, donde hay unos prismáticos, está el arquitecto Federico Ugalde fumando y mirando al mar; tras él un personaje de espaldas que puede ser el conde de Heredia Spínola, Alfonso Martos, llamado “Zabálburu”, conocido por su discreción, o el inglés William Ll. Dyer, u otro miembro del Jurado de la regata[6]. Los dos personajes sonriendo detrás son Luis Ocharan y Eduardo Ubao. Y en primer plano, hablando entre ellos, los dos infantes Borbón-Dos Sicilias con Tomás de Zubiría. Todos ellos se encuentran alrededor del faro del contramuelle de Algorta, viéndose al fondo esta localidad[7]; en la otra parte del díptico se observa todo el acantilado de Punta Galea, y navegando, un 15 metros con sus cuatro velas desplegadas. Entre los dos paneles se corta el palo-semáforo con las banderas del código internacional correspondiente (el llamado globo rojo).


Muchos de estos personajes se repiten en el tríptico de la Bilbaina. Los dos deportista vencedores de 1907 pasan a estar casi difuminados, y el retrato de grupo no es el retrato de los regatistas, sino el del ambiente de un regata, como si fuera una cabalgata de personajes del Renacimiento al estilo de Benozzo Gozzoli: el altar al que se dirige la representación son los seis barcos que ocupan ellos solos el panel de la derecha; en el panel de la izquierda, junto a la pared circular del faro, mira al espectador con dos ojos como bombillas el fotógrafo Torcida, tal cual muchos cuadros florentinos donde el artista se coloca en la esquina de la representación

A la vez Arrue convierte el paisaje del Abra entre el monte Serantes y Punta Galea en el cierre escénico de una conversation piece, con personajes de muy diversas procedencias. El panel de color, con los seis Sonderklasse, tiene de telón de fondo al pueblo de Algorta, escalonado en la colina sobre su puerto viejo.

... José Arrue nos ha dejado dos retratos de grupo sumamente originales y de una calidad técnica extraordinaria y, sobre todo, poseedores de una mirada especial sobre nuestras gentes...

José Arrue, Equipo del Athletic Club, 1915
Gouache sobre papel, 52,5 x 103,5
Colección Athletic Club Museo-aren Bilduma

A Arrue le debemos asimismo otro de los cuadros más simbólicos y emblemáticos del club de fútbol de Bilbao: el retrato de sus jugadores en la campaña de 1914. En 1915 de nuevo la directiva del club le encarga el retrato del equipo, los llamados Leones del Norte. Se trata de Equipo del Athletic Club (págs. 190–91), encargo de la directiva en 1915 como homenaje y recuerdo al equipo campeón de la Copa del Rey de 1914 y 1915 (también lo fue en 1916)[3]. Consiste en un retrato de grupo donde aparecen los once jugadores, con las camisetas rojiblancas y el pantalón negro[4], además del Míster, el entrenador William Edwin Barnes, y su ayudante Manolo Ansoleaga, conocido como “el infatigable”. Todos ellos, jugadores y entrenador, en su fisonomía y en su personalidad, aparecen retratados, como si se tratara de la “foto oficial” del club[5].

En este retrato de grupo de Arrue, figuran de izquierda a derecha el entrenador William Edwin Barnes y su ayudante Manolo Ansoleaga, los hermanos José María y Ramón Belausteguigoitia, Esteban Eguía, Luis Iceta, Luis María Solaun, Cecilio Ibarreche (el portero), Luis Hurtado, Rafael Moreno (“Pichichi”), Alfonso “Apón” González-Gorbeña, Severino Zuazo y Germán Echevarría (“Maneras”)[6].

[...]

En esta bella foto fija del Athletic el pintor Arrue se permite licencias compositivas: el más grande es el portero y el más significativo por actitud, “Pichichi”. Ibarreche, el portero, era un gigante en la época, de más de 1,95 m, pero tenía la misma altura que Jose María Belauste, a la izquierda, que aparece más pequeño. Arrue engrandece asimismo a “Pichichi”, que era de la altura de “Apón”, a su izquierda, ambos de un escaso 1,60 m. Como si previera que “Pichichi” se iba a convertir en héroe local, Arrue lo mitifica en su pintura, le hace el hombre fuerte junto al portero. Además, en esta pintura icónica, entre fotografía oficial del club e icono bizantino, “Pichichi” e Ibarreche no miran al frente, sino a su derecha, y están de perfil. No miran al fotógrafo, ni al pintor, miran a la historia pasada.


[...]

José Arrue es uno de nuestros grandes documentalistas, tanto de la ciudad como de las anteiglesias, una especie de Pieter Brueghel del siglo XX. 

[...] 

Arrue no es un simple caricaturista de la sociedad aldeana de las anteiglesias, sino el mejor retratista de Bilbao y de sus gentes. Su forma de retratar congela ese momento de éxito del Athletic o del Sporting; es una radiografía en color del deporte y de sus gentes; uno de los pintores más personales de todos los tiempos en la pintura vasca.


José Arrue, Fiesta popular, 1926
 Gouache sobre papel adherido a lienzo, 105 x 210 cm
Museo de Bellas Artes de Bilbao

... En esta última sala abordamos la visión de Arrue sobre el mundo aldeano, es decir, el de los municipios o anteiglesias en el momento de las fiestas patronales, otra forma de ocio que se refleja a través de actividades como la romería y el baile. Por una parte, la Romería en Arrancudiaga, de 1919 (págs. 288–89), y, por otra, la Fiesta popular de 1926 (págs. 290–91), dos obras de parecido tamaño, que sobrepasan los dos metros de largo: un festejo que se celebra en una zona de mar y otro que tiene lugar en una de montaña.


 Fiesta popular acontece en una colina junto a una casa con largos balcones, el barrio de Almike de Bermeo, desde donde puede contemplarse, abajo, el puerto de la villa y, al fondo, la isla de Izaro y el peñón de Ogoño, que protege la playa de Laga. La escena es cerrada por la izquierda con una casa de balcones, junto a la que se encuentra una bolera, una casa-torre con su ventana ojival un poco más abajo y, al otro lado de la composición, a la derecha, unos fuertes y robustos robles. Bajo estos árboles está montada una carpa haciendo de bar y, en primer plano, una mesa con mantel, ante la que una mujer cocina sobre el suelo en dos cazuelas de barro y un gran puchero de cobre.

Entre la arquitectura de árboles y la de piedra aparecen más de doscientos personajes. Unos hablan, otros miran, hay uno que bebe vino de una bota y otros, los más, bailan una jota al son de dos txistularis encaramados en un simple kiosco alzado. Arrue nos ha cocinado una veduta como un plato de mar y montaña, con una gama de sabores un tanto distinta, el rigor de la villa con sus muelles que abrazan el mar y el verde de las colinas en fiesta. 

José Arrue, Romería en Arrancudiaga, 1919
Óleo sobre lienzo, 122 x 202 cm
Colección particular

Podemos contraponer este cuadro a Romería en Arrancudiaga, como un plato exclusivo de montaña, que integra la gama de verdes de los diferentes prados y colinas[1]. Aquí asistimos a una romería que se celebra en una campa, desde la que se aprecia, de espaldas, la iglesia de Arrancudiaga y su torre campanario; junto a la iglesia, el bolatoki cubierto de Elexondo. Probablemente la escena sucede en la campa de Uribarri-auzoa; al fondo unas montañas cierran la composición. Se trata del Ganekogorta y las tres caserías sitúan a los barrios de Basakoetxe, Zollo y Markio. El roble, a la derecha, de alguna manera oculta lo que podría serla ermita de San Pedro de Abrisqueta, uno de los primeros lugares del robledal pagano de nuestras tierras. La gente seguramente celebra la fiesta patronal de San Pedro en este barrio de Uribarri. Junto al caserón de la izquierda hay una bolera abierta y, a la derecha, una carpa con bebidas, mientras en el primer plano una anciana cocina en el suelo. Entre la romería y el pueblo de Arrancudiaga se deslizan primero una hilera de chopos y después otra de olmos, que señala la separación entre el barrio y el núcleo municipal, significando el cauce del río Nervión. También aquí encontramos a más de doscientas personas, tratadas con minuciosidad, como si se quisiera reflejar la personalidad o la individualidad de cada una de ellas. La fiesta se compone de muchos niveles: los que juegan a los bolos, los que beben, los que cocinan, los que simplemente miran y los que bailan. Incluso entre estos se mezclan dos grupos, uno situado más en el centro, que baila el aurresku en círculo, siguiendo a un txistulari vestido con pantalón blanco y chaqueta negra, mientras más a la izquierda el gentío baila la jota siguiendo la melodía de un acordeón y un clarinete.


EVENTOS Y ACTIVIDADES

Bilbao y la pintura

El comisario de la exposición Bilbao y la pintura, Kosme de Barañano ―catedrático de Historia del Arte en la Universidad de Elche y en la del País Vasco y profesor visitante en las Universidades de Venecia (IUAV) y de Berlín (Humboldt-Universität) ― hablará en esta conferencia sobre las claves de la muestra.

CONFERENCIA BILBAO Y LA PINTURA



DEIA, 17-II-2021



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